Profesorado de Yoga - Yoga Kai 2007
Autora: Mariana Morado
En los últimos 100 años de civilización occidental, las disciplinas científicas han trabajado mucho en la identificación de las emociones, en la represión que la persona o la sociedad ejercen sobre ellas y la necesidad de liberarlas; pero no así sobre el modo de manejarlas adecuadamente sin el auxilio de medicaciones o terapias psicológicas de larga duración.
Tanto la herencia como el medio ambiente contribuyen a que las personas manifiesten tensión, ansiedad, etc.
Los psiquiatras hablan de “ansiedad flotante” refiriéndose a la ansiedad básica. Algunos existencialistas han dicho que el hecho de ser humano (es decir, tener una mente que puede reflexionar sobre la condición y mortalidad del Hombre) implica una ansiedad o angustia ontológica permanente y muy enraizada.
Sabemos que el estado de la mente y el cuerpo están íntimamente relacionados. Ya desde hace miles de años atrás, los yoguis sabían que el sistema endocrino afecta a las emociones y la mente; y describían a los “chakras” o centros de energía, que corresponden a las principales glándulas.
El sistema endocrino está controlado por los nervios simpáticos y parasimpáticos. Las emociones afectan especialmente los sistemas nervioso y endocrino.
La ira, el miedo/hostilidad y la ansiedad constituyen la base de las emociones destructivas. Comparten la misma activación fisiológica del sistema nervioso autónomo.
El cirujano inglés John Hunter decía “Mi vida está en manos de cualquier loco que me haga ponerme furioso”.
Aunque de gran utilidad para nuestros antepasados cazadores, el miedo y la ira pueden describirse hoy como mecanismos de respuesta de alarma o de lucha-huída innecesarios y autodestructivos.
Si podemos reducir el miedo, la ira y sus sofisticadas modalidades hasta el mínimo y enfrentarnos a ellas adecuadamente cuando de hecho aparezcan, estaremos dando un gran paso adelante hacia una forma de vida relajada.
La práctica del Yoga se divide básicamente en dos etapas; la etapa elemental o purificadora (que consiste en comprender y asimilar los principios y la técnica de los ejercicios) y una segunda etapa, un adiestramiento en el plano emocional y mental, logrando una Conciencia más pura mediante el despertar y activación de corrientes nerviosas que estaban inactivas. Se busca tomar conciencia del cuerpo para que sea el instrumento eficiente. En una palabra, integrar los niveles superficiales y profundos a una sola unidad.
El Hatha Yoga, el que ha influido más a occidente, nos propone una serie de técnicas, como Asanas (posturas); Pranayamas (conj. de técnicas respiratorias que nos ayuda a captar y asimilar el prana); Dharana (concentración); Diana (meditación) las cuales nos permiten aprender a conocer y controlar nuestro cuerpo; actuar en nuestro universo interno, en el plano mental, donde aportan una calma y serenidad que no excluyen ni el dinamismo ni la alegria.
La unión entre lo mental y lo físico hace que la respiración sea un puente entre ambos. Es importante hacer consciente el proceso de respiración, pues de él depende el óptimo flujo de energía.
Para adentrarse en la práctica espiritual, es preciso desapegarse de los aspectos mundanos o de los sentidos (Pratyahara). Es aquí donde la mente dispersa pasa a un estado de control. Una vez acalladas las fluctuaciones de la mente surge la quietud donde el practicante experimenta el núcleo del ser.
El yogui tiene como finalidad el modificar su mente para utilizar correctamente las ideas o pensamientos. Debe eliminar todo lo que proviene de lo material y, en particular, los contenidos del inconsciente.
En el ser humano, la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones y creencias sobre el mundo, que utilizamos para valorar una situación concreta y, por lo tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación.
Es preciso alentar al cerebro para que libere su fantástica acumulación de ideas positivas y claras. Como afirma Iyengar, “generalmente el cerebro actúa como sujeto pero debemos aprender a tratar al cerebro como un objeto y el cuerpo como un sujeto”.
Al volverse hacia el sí mismo, estamos en condiciones de tomar conciencia de qué es lo que creemos, para poder revisar nuestras pautas o mensajes negativos.
Muchas de las técnicas de relajación deben su eficacia a un cambio de actitudes, en el que las creencias que producen tensión son sustituidas por otras con las que se deja de percibir amenazas e inseguridades. Estas actitudes pueden cultivarse a cualquier edad y tienden a desarrollarse de forma natural en la persona que practica la relajación y es plenamente consciente del valor de las mismas.
Cuando el equilibrio penetra en la estructura de una vida tiende a favorecer un modo de vida relajado/equilibrado donde predomina una mayor aceptación, tolerancia, indulgencia, compasión, tranquilidad, consideración, franqueza, etc. Estas actitudes están en consonancia con el proceso de autorrealización.
En definitiva, la relajación contribuye al desarrollo completo del ser humano en todo su potencial, siendo éste su aspecto más profundo.
La Meditación consiste en un equilibrio dinámico de las conciencias intelecual e intuitiva.
La mente reúne y acumula información, pero no posee capacidad de discernimiento.
En realidad, la meditación no es más que silenciarnos por dentro para poder ponernos en contacto con nuestra sabiduría interior. Mediante la retracción de los sentidos descubrimos cómo reacciona la conciencia; cómo se comporta nuestra mente y controlamos la impulsividad.
En Yoga se distingue mente e inteligencia, que para los occidentales viene a ser lo mismo. (Mente= fuente de los impulsos; Inteligencia= fuente del discernimiento).
El término “Buddhi”, el cual encontramos en la palabra Buda, quiere decir iluminación o despertar espiritual. Por lo tanto, cuando iniciamos este proceso de indagación, poco a poco, nuestra conciencia se traslada de identificarse con el cuerpo, con la mente y con el mundo externo; comenzamos a vivir una libertad interna y nos damos cuenta que la dicha es un estado interior y no algo que depende únicamente de factores externos. No es necesario que pasen cosas maravillosas para poder sentirnos felices.Cada uno de nosotros encara la vida de acuerdo al concepto que tenga de ella. Si tenemos una imagen material de la existencia, nuestras apetencias estarán encaminadas únicamente a las realizaciones en el orden del status social-económico; y los únicos logros a los que daremos importancia serán en ese sentido.
Entre los beneficios que aporta el Yoga se pueden mencionar:
- El practicante adquiere control sobre sus sentimientos y al mismo tiempo experimenta unas emociones más ricas y una simpatía mas profundas por los demás.
-Debido a que se aumentan los poderes de concentración, el pensamiento, el discernimiento y el juicio se vuelven más constantes, rápidos y fiables retomando el control de la propia vida.
- La mente se libera de sus ataduras.
- Se adquiere imparcialidad y una visión que va más allá de las apariencias superficiales.
- Se logra despertar la capacidad para manejar la energía, armonizándose, encontrando los recursos válidos para modificar pautas negativas.
- Permite adoptar una actitud ética, siendo los motores de nuestro propio cambio, en lugar de pretender cambiar al resto.Bibliografía:
_”La inteligencia emocional” D. Goleman
_”El Arbol del Yoga” B.K.S. Iyengar
_La Relajación© Protegido por Derechos Autorales
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