Instituto Yoga Kai Palermo Soho Buenos Aires
Director José Maureira


EL  YOGA Y LA  MITAD DE LA   VIDA

Profesorado de Yoga - Yoga Kai 2007

Autora:  Estela Frontini

                   Se denomina Mitad de la Vida, a la etapa  que comienza alrededor de los 35 – 40 años.
Al llegar a esta edad se han recorrido ya, múltiples experiencias en lo personal, laboral, social y aparecen algunos interrogantes existenciales, que uno debiera comprender que significan y que develan.
¿Quién soy?, ¿Qué sentido tiene la vida?, ¿Para qué estoy en este mundo?....
No se puede comprender el sentido de la vida  sino encontramos algunas respuestas sobre el significado del vivir.
 La profundidad de esas respuestas contribuye a la salud del alma y a la trascendencia de la condición humana.
Conociendo la perspectiva psicológica de Freud, sabemos que ha estudiado rigurosamente las fases del desarrollo de la niñez y la juventud
Cuando en la vida de un adulto aparecen crisis o síntomas
neuróticos el psicoanalista, explora su niñez para poder aclarar y curar la situación presente.
 El interés de la Psicología Freudiana por el desarrollo humano termina con la transición de la pubertad y la adolescencia, entre los 17 a 18 años.
Carl G. Jung (1875-1961)  cambia esta perspectiva de la Psicología.  Así como se considera a Freud como el psicólogo de la primera mitad de la vida se puede decir con toda razón que Jung lo es de la segunda.
Jung considera que en esta etapa no hay que retrotraer los problemas del adulto a la niñez sino encontrar caminos para ayudarle aquí y ahora. Este cambio de orientación es algo más que una variante de la dimensión temporal. Se trata de analizar esta problemática de una manera totalmente distinta.
Freud ve en los conflictos neuróticos del hombre exclusivamente problemas de pulsiones y estos aparecen en la mayoría de los casos en la infancia.
          Jung, por el contrario, comprueba en sus consultas que la mayoría de los problemas del hombre que ha pasado los treinta y cinco años son de naturaleza espiritual.

Para comprender las observaciones de C. G. Jung sobre los problemas de la mitad de la vida tenemos que acercarnos a lo que Jung entiende por desarrollo humano, el proceso de individuación.
Para Jung individuación es aquel proceso que «produce un individuo psicológico, es decir, una unidad independiente e indivisible, un todo».
            El Yoga es el sendero que conduce al hombre hacia su desarrollo integral.  La palabra yoga proviene del sánscrito y significa “yugo”, “unión  y tiene como objetivo unir, lo que la cultura y la limitada  autopercepción ha fragmentado.
          Uno de los propósitos fundamentales del Yoga es también la longevidad y salud, para que el ser humano disponga de más tiempo para alcanzar la sabiduría y plenitud, con un cuerpo fuerte y sano.
 Problemas de la mitad de la vida
 La vida humana puede compararse con el recorrido del sol. Por la mañana asciende e ilumina el mundo. Al mediodía alcanza su cenit y sus rayos comienzan a disminuir y decaer. La tarde es tan importante como la mañana, pero sus leyes son distintas.
Para el hombre reconocer esta curva vital significa que, desde su segunda mitad de vida, ha de ajustarse a la realidad interior en lugar de a la realidad exterior.
         Esta etapa exige la reducción a lo esencial, el camino hacia lo interior, la introversión en lugar de la expansión. “Lo que en  la juventud encontró, y debía encontrarlo fuera, el hombre de la tarde lo debe encontrar en el interior.”
          Los problemas con que se tropieza el hombre en la mitad de su vida dependen de la tarea que la segunda mitad de la vida le exige y en los que tiene que empeñarse:
1.-Relativización de su persona.
2.- Aceptación de la sombra,
3.- Integración del anima y del animus
4.-Desarrollo del si mismo en la aceptación de la muerte y en el
encuentro con Dios.

          El yoga es un camino de mejoramiento y transformación, que favorece la evolución espiritual y nos posibilita armonizar todos los patrones de la existencia.

Primera tarea:
1.-Relativización de su persona.
En la primera parte de la vida, el niño, que todavía vive  en el inconsciente, se va apartando más y más de ese inconsciente y va formando un Yo consciente. Para ello desarrolla una “persona”,  que significa: “máscara”, ésta le permite amoldarse  a las expectativas del entorno, le protege, (para no exponerse totalmente), posibilitando ser aceptado y no ser arrasado por los demás.
 A la “persona” le incumbe la relación del Yo con el entorno. El ser humano es  vulnerable a los mandatos, reglas y condicionamientos externos, que le “hacen moldear” su persona, renunciando a otros aspectos de su ser.
         Jung entiende por Yo  el núcleo consciente de la persona, el centro de su obrar y juzgar. El hombre debe, en la primera mitad de su vida fortalecer  y moderar cada vez más su Yo, debe encontrar en el mundo su sitio y poder afirmarse.
         En la mitad de la vida “brota el inconsciente” y el hombre entra en inseguridad. Su instalación consciente se rompe, queda desorientado y pierde el equilibrio. La pérdida del equilibrio para Jung es algo útil que exige un nuevo equilibrio, en el que también debe  alcanzar su sitio correspondiente el inconsciente.
El hombre que se encuentra en la mitad de la vida deberá, en lugar de estar como hasta entonces a la escucha  y condicionamiento de las expectativas del mundo, prestar  oído a la voz interior y poner manos a la obra del desarrollo de su personalidad interior.
 Este proceso tiene dos grandes fases: la de la expansión en la primera mitad de la vida y la de la introversión en la segunda.
        Mediante las ásanas, posturas específicas del hahta yoga, realizadas con percepción interior (pratyahara) y concentración interior (dharana), favorecemos la introversión, ,el autoconocimiento y “la vuelta hacia nuestro interior”
Segunda tarea:
2.- Aceptación de la sombra:
 Como consecuencia de este proceso sale a la luz la sombra,  compuesta “por los rasgos del hombre en parte reprimidos, en parte no vividos, en gran parte excluidos por motivos morales, sociales, educativos o de otro tipo y  que cayeron en la represión, es decir, en la disociación”.
 A La sombra  pertenece  no sólo  la parte oscura y negativa sino también  la positiva del ser.
El ser humano es polar: cada polo tiene su contrapolo. Cuanto el hombre sube un polo a la conciencia, el otro queda en el inconsciente. Cada cualidad tiene su opuesta. Cuando más cultiva el hombre una cualidad, su contraria actúa más fuertemente en el inconsciente. Esto no es valedero sólo para las virtudes sino para las cuatro funciones de la conciencia que distingue Jung: pensar, sentir, intuir y experimentar.
Si el hombre cultiva unilateralmente sus funciones de inteligencia, el inconsciente se inunda de pulsiones infantiles del sentimiento (por ejemplo, el sentimentalismo). La mayor parte de las veces son proyectadas las propiedades y los modelos de comportamiento que subyacen en la sombra en otras personas, sobre todo del tipo contrario (el contratipo). Esta proyección que impide el desarrollo de la sombra en la conciencia, frecuentemente es causa de tensiones entre personas.
Junto a la sombra personal, el hombre tiene en si mismo una sombra colectiva en la que está incluido todo lo malo y oscuro de la historia de la humanidad. La sombra colectiva es una parte del inconsciente colectivo en el que se acumulan las experiencias de la humanidad y que encuentran su expresión en los mitos, arquetipos y símbolos.
 Jung considera el todo de la vida humana como un conjunto de contradicciones, contrastes o polaridades.  Frente al consciente está el inconsciente, frente a la luz, la sombra, frente al animus el ánima. La contradicción o polaridad es esencial al hombre.
No llega el hombre a su plenitud, es decir no se desarrolla hasta el “sí mismo”, si no consigue integrar las contradicciones en lugar de eliminarlas. La primera mitad de la vida acentúa unilateralmente el consciente con la afirmación del Yo. La inteligencia se creó ideales a los que siguió. Esos ideales tienen su contrapartida en los opuestos depositados en el inconsciente.
Por ello declara Jung: “Es preferible ser íntegro que sólo bueno”
Cuanto más esfuerzos se hacen por excluir lo reprimido tanto más aparece en los sueños. Del mismo modo, los modelos de comportamiento que el hombre vive conscientemente tienen sus actitudes contrarias en el inconsciente.
La mitad de la vida exige volverse ahora también a los polos contrarios, aceptar la sombra no vivida y confrontarse.
Nos encontramos con dos comportamientos defectuosos en la mitad de la vida: Uno consiste en no ver el contrario de la actitud consciente. Es el aferramiento a los antiguos valores, la defensa de principios. De ahí viene la obstinación, el endurecimiento y la limitación.  Se tiene miedo de la sombra y no se le quiere reconocer, es el miedo al problema de la contradicción y polaridad. Se piensa que no puede haber más que una sola verdad y pauta de comportamiento,  y con esta actitud se pierde adaptabilidad y flexibilidad.
La otra reacción ante el problema de la contradicción es el echar por la borda los valores que hasta el momento de la crisis tuvieron vigencia. Es el momento que aparecen como error las convicciones presentes, falsedad en vez de verdad, odio donde había amor, se abandonan los ideales vigentes y se intenta seguir viviendo en contradicción con el anterior Yo.
” Cambios de profesión, separaciones, mutaciones religiosas, renuncias y abandonos de todo tipo son los síntomas de este movimiento pendular hacia lo contrario.”

Se cree que por fin se puede vivir lo reprimido. Pero en lugar de integrarlo se cae victima de lo no vivido y se reprime lo hasta entonces vivido. Así permanece la represión y solamente cambia de objeto. Con la represión continúa la perturbación del equilibrio. Se sucumbe al error pues un valor opuesto ha abolido el valor que hasta entonces tuvo vigencia. Pero ningún valor ni ninguna verdad de nuestra vida se pueden negar sin más por su contrario, sino que más bien son correlativos.
”Todo lo humano es relativo, porque todo descansa en la interior contradicción o polaridad.” La inclinación a negar los antiguos valores en favor de sus contrarios es tan exagerada como la anterior unilateralidad cuando ante ideales limpios no se tenía en cuenta la fantasía inconsciente que planteaba la cuestión. En la segunda mitad de la vida se trata “no de una conversión a lo contrario, sino del mantenimiento de los valores antiguos a la vez que se reconocen sus contrarios”.
El Yoga parte de la polaridad humana y acepta la dualidad como parte constitutiva del ser (femenino- masculino, material- espiritual, ida –píngala, solar-lunar etc) El logro de la armonía es el centramiento  y trascendencia de los opuestos
Tercera Tarea:
3.- Integración del anima y del animus
ANIMA-ANIMUS: denomina Jung  a los rasgos, propiedades y principios femeninos y masculinos.
Toda persona lleva en si ambos. En la primera mitad de la vida desarrolla más sólo una parte mientras que la otra queda reprimida en el inconsciente. Si el varón acentúa sólo su masculinidad, el anima se retira al inconsciente y se manifiesta en caprichos y afectos vehementes.
”El Ánima reprimida refuerza, exagera y  falsea todas las relaciones emocionales, con la profesión y con las personas de ambos sexos.”
Entre las mujeres, el Ánimus reprimido se manifiesta en opiniones tenaces. Estas opiniones descansan sobre presupuestos inconscientes y por eso no se dejan conmover. Son principios intocables, opiniones incuestionables.

PROYECCIÓN: Es un mecanismo que tiene que ver con la disociación. Si el varón por ejemplo, no admite sus rasgos femeninos como son sus sentimientos, lo creativo y delicado, entonces los proyecta en las mujeres y así le fascinan. La proyección produce siempre fascinación. Así el enamoramiento de los jóvenes que va acompañado de tan fuertes emociones está siempre unido a la proyección.
En la segunda mitad de la vida se le pide al  ser humano que abandone la proyección.  El hombre debe confesarse y decirse que todo lo que a él le atrae de la mujer lo lleva en si mismo.( ídem para la mujer) Esta confesión no es fácil para un varón celoso de su varonía. Jung piensa que se necesita gran fuerza y penosa sinceridad consigo mismo “para reconocer la sombra,  el trozo gemelo y aceptar el anima, por otra parte, trozo maestro. No muchos lo logran”.
Jung indica diversos caminos para la confrontación con el ánima.
El primer paso está en que  no reprima  humores, afectos y emociones ni esquivándolos con una ocupación,  ni desvalorizándolos o excusándolos como si fuesen debilidades.
Debe considerarse  atentamente este “mecanismo de rechazo y desvaloración” y tomar en serio las manifestaciones del inconsciente en los humores y afectos.  Debe darse ocasión así al inconsciente a expresarse y a subir a la consciencia.
 En la medida en que  pregunte a los afectos lo que me dicen y adónde me quieren señalar los deseos y proyectos, en esa medida consiento en darle la palabra al ánima.
Esta conversación con los propios sentimientos y estados de ánimo y en ellos con el propio inconsciente es para Jung una técnica importante para la educación del ánima.
En la primera mitad de la vida, el hombre está tan ocupado con la autoafirmación que se identifica con su yo consciente. El inconsciente lanza en la sombra al anima sin sufrir graves daños. Pero esto cambia en la segunda mitad de la vida en que el hombre debe integrar en sÍ mismo su anima o su animus para que de esta manera retraiga sus proyecciones y se abra a su propio inconsciente haciendo conscientes los depósitos y cualidades allí escondidos.
 El Yo debe volverse a su origen, hacia el “sí mismo” y ganar desde él nuevas fuerzas vitales. El desarrollo del sí mismo es el objetivo de la individuación. El “si mismo”, lo define Jung “como la totalidad psíquica del hombre”.
En la sombra  residen grandes depósitos de energía a los que uno puede acudir para retroalimentarse, sino el sistema operando sólo determinados aspectos se agota y empobrece.

Jung cree, que lo masculino y lo femenino son como una reserva determinada de sustancias. El varón consume en la primera mitad de su vida la mayor parte de su potencial varonil de tal modo que le queda luego casi solamente sustancia femenina.
Esto se pone de manifiesto en el cambio psíquico del varón y de la mujer en la mitad de la vida.
(Particularmente creo que toda cualidad que se vive radicalmente, sin su polaridad,  constituye una sustancia que se agota o consume)

Otros caminos son el desarrollo consciente de las fuerzas del sentimiento, mediante  la sensibilidad artística y la capacidad creativa que todos tenemos, aunque puede estar bloqueada
Lo inconsciente que se le aparece al hombre en su ánima no carece de peligros. Puede no sólo llevar inseguridad a lo experimentado en el mundo consciente sino también  enredar su existencia Por eso el hombre necesita de centramiento y  protección para poder encontrar a su inconsciente de un modo que le sea útil. Esta defensa, según Jung, se la ofrece la religión con sus símbolos.
El yoga como disciplina, con sus principios y reglas brinda al hombre un encuadre vivencial para alcanzar el autoconocimiento , integración y desarrollo personal. Le permite explorar en su interior, desbloquearse energéticamente y descubrir su esencia, para poder manifestarse en plenitud. El YOGA SUTRA con sus principios para sí mismo y los demás, le orienta para no equivocarse, ni perderse por el devenir existencial
Cuarta Tarea:
4.-Desarrollo del si mismo en la aceptación de la muerte y en el
encuentro con Dios.
 Según Jung la religión recoge lo intuitivo y lo creador del ánima y es para el hombre como una madre que le da la vida  y le mantiene vivo y creador.
La religión proporciona al varón el cobijo que busca junto a su madre, pero le libra a la vez del lazo infantil con ella. Cuando el hombre queda unido a su madre, según Jung, y entregado a sus afectos corre peligro su salud psíquica.
El lazo con la madre es frecuentemente inconsciente y se manifiesta en la proyección de su ánima en la mujer que para él toma el papel de madre.
En la mitad de su  vida, cuando brota el inconsciente con toda su imprevisiblidad,  se busca defensa y cobijo. La angustia ante lo desconocido del inconsciente le hace buscar protección en la mujer. Y esta angustia presta a la mujer un poder ilegítimo que satisface en ocasiones su instinto de posesión.
La religión es para Jung un medio eficaz para experimentar en si mismo la fecundidad del anima y proteger de la fascinación a la que puede llevar la proyección de la propia ánima hacia mujeres concretas.
Le permite experimentar al hombre las fuerzas fecundas y creadoras del ánima, que son necesarias para su vivacidad. Pues sin ella, el hombre pierde vivacidad, flexibilidad y humanidad:
 “Aparece por regla general endurecimiento precoz cuando no frialdad, actitudes estereotipadas, unilateralidad fanática, amor propio, espíritu de “cruzada” o lo contrario: resignación, cansancio, negligencia, irresponsabilidad y finalmente una reacción pueril con inclinación al alcohol”

La mujer  tiene que aprender qué  hacer con su animus. Usar el animus como puerta de entrada a su propio inconsciente  para aprender a conocerlo mejor. Cuando sus opiniones no sean sólidas ni se basen en convicciones firmes, la mujer deberla investigarlas críticamente y averiguar su procedencia. Así es como podrá descubrir los supuestos inconscientes de sus opiniones, aparentemente fundados en la razón. De este modo,  encuentra las fuerzas creadoras que son necesarias para alcanzar el “si mismo”
En lo que se refiere a la integración del animus la religión tiene una función distinta en la mujer Para la mujer las exigencias ascéticas y morales son importantes para salir desde su ser maternal,  protector y llegar al empeño práctico y a la responsabilidad.
 Jung considera también a  la comunidad como una ayuda para la integración del ánima y el animus. La comunidad puede tanto ofrecer como exigir y configurar el cobijo. El que se cierra a la comunidad se separa del torrente de la  vida. Jung cree que el encubrimiento de los afectos y su desvaloración es la causa del cerrarse a la comunidad. La soledad y el aislamiento no son en última instancia un problema de falta de capacidad de contacto sino una cuestión de humildad.
 Quien es demasiado orgulloso para abrirse a sus prójimos se aísla. El que es lo suficientemente modesto nunca se queda solo.  El que se plantea sinceramente sus propias contraposiciones y examina sin cesar sus estados de ánimo y sus opiniones, siendo lo suficientemente
modesto como para abrirse al otro, tendrá en la comunidad una ayuda eficaz para integrar el anima y el animus y alcanzar anímicamente el equilibrio.

”El  problema último” ante el que el hombre se enfrenta en la mitad de su  vida es, en última instancia, su actitud ante la muerte.
Sólo cuando el hombre cree en la supervivencia después de la muerte, el final de su  vida terrena, la muerte, es un objetivo razonable. Sólo entonces tiene sentido la segunda  mitad de la  vida en si misma y también es una tarea.
Para Jung, sobrevivir tras la muerte no es un asunto de fe sino de la realidad psíquica.
 El alma encuentra razonable el hecho de la muerte y en la medida en que se dispone a ello permanece sana.
En la mitad de la vida, el hombre tiene que familiarizarse con su muerte. Tiene que hacer consciente el descenso de la curva biológica de su vida para dejar ascender su línea psicológica en dirección a su individuación.
Jung afirma: “A partir de la  mitad de la  vida permanece
solamente vivo aquel que quiere morir con la  vida.” La angustia ante la muerte la ve Jung en relación con la angustia ante la vida:
”Así como hay un gran número de hombres jóvenes que, en el fondo, tienen un angustioso pánico ante la  vida y que, sin embargo, la desean vivamente, hay también muchos hombres mayores que sufren el mismo temor ante la muerte.”
Si siendo jóvenes, presentan resistencias pueriles ante las exigencias normales de la  vida, cuando sean viejos tendrán angustia ante una de las normales exigencias de la  vida. Si se está tan convencido de que la muerte es simplemente el final de una carrera, que es una regla sin excepción se comprenderá la muerte como la meta
La  vida tiene una meta. En la juventud esa meta consiste en que el hombre se establezca en el mundo y alcance algo. Con el paso a la segunda  mitad de la  vida el objetivo cambia. No está ya en la cumbre sino en el valle donde comenzó la ascensión; ahora se trata de ir hacia ese objetivo. El que no hace esto, el que se agarra crispado a su vida, pierde la relación de su curva vital psicológica y biológica.
“La angustia ante la muerte es finalmente un no querer vivir”. Pues vivir, permanecer vivo, sólo puede realizarlo quien acepta la ley de la  vida que se dirige hacia la muerte como a su meta.
 En lugar de mirar hacia adelante, a la meta de la muerte, muchos miran hacia atrás, al pasado. Mientras deploramos que un hombre de treinta años mire nostálgicamente a su infancia y permanezca pueril, la sociedad actual admira a hombres viejos que tienen aspecto juvenil y se comportan como jóvenes.
En lugar de prepararse para la vejez se vuelve a la eterna juventud que, según Jung es “un lamentable sucedáneo” de la “iluminación del si mismo” exigencia de la segunda mitad de la vida.
Jung ofrece  como escuela las religiones porque conducen por encima de la autoafirmación a un ámbito en el que el hombre  puede verdaderamente llegar a ser hombre,  porque solamente puede desarrollar su  “sí mismo” cuando experimenta en sí, lo divino.
Experimentar lo divino es encontrarse a sí mismo. La mitad de la vida es la ocasión para dejar el pequeño yo y abandonarse en Dios. Quien rehúsa la entrega a Dios no encuentra su propia totalidad y en último término tampoco su salud anímica
Dice Jung:
”De entre todos mis pacientes que habían pasado la  mitad de la vida, es decir, de más de treinta y cinco años, no había ninguno en que el problema decisivo no fuera su actitud religiosa. Ciertamente todo el mundo se pone enfermo por lo que ha perdido y  las religiones vivas han dado respuestas  sobre esto en todos los tiempos a sus creyentes.
Nadie se cura de verdad si no logra recuperar su actitud religiosa, asunto que naturalmente no tiene nada que ver con una confesión determinada o la pertenencia a una iglesia”

Para el encuentro con  Dios, necesario para la salud psíquica, Jung ofrece al hombre los mismos medios y métodos que los autores espirituales: la meditación y la ascesis. Soledad y ayuno voluntario para abrir el paso al inconsciente.
 Esta entrada en el inconsciente, profundización en si mismo, significa renovación y nuevo nacimiento. El tesoro del que habla Cristo, está en el inconsciente y solamente los símbolos y medios de la religión hacen al hombre capaz de descubrir ese tesoro. Así como Cristo en su muerte bajó al Hades, el hombre tiene también que pasar por la noche del
inconsciente, por el descenso a los infiernos del
autoconocimiento para con la fuerza del inconsciente volver a nacer.
El resultado de la experiencia de los hombres, que pasan por las crisis de la mitad de la  vida y que se dejan transformar por Dios en esa crisis, la resume Jung así:
Esos hombres “se encontraron a si mismos, supieron aceptarse a si mismos, fueron capaces de reconciliarse consigo mismos y por ello se reconciliaron también con las circunstancias y los acontecimientos contradictorios. Esto es casi lo mismo que antiguamente se dijo: Ha hecho las paces con Dios, ha ofertado su propia voluntad como sacrificio al someterse a la voluntad de Dios”.

El renacimiento espiritual, el dejarse transformar por lo divino, es la tarea de la segunda mitad de la vida. Una tarea llena de riesgos, pero también llena de promesas. Exige menos conocimientos psicológicos y más lo que llamamos piedad. Es la disponibilidad para volverse hacia el interior para oír al Dios que está en nosotros.
 

Ya los antiguos yoghis nos hablaron de la  Avidia, la angustia de estar perdidos de nosotros mismos, sin contacto con nuestro espíritu. El Yoga con  sus distintas técnicas y la meditación nos invita a ese encuentro, a develarnos.
 La espiritualidad  y su práctica tienen muchos caminos, pero se considera al yoga el sendero por excelencia .En la antigüedad se la enseñaba a los adultos mayores de 40 años. ¿Se sabía que en esta etapa surge la urgencia de prepararnos para definitivamente despertar y  respondernos sobre el sentido de vivir y quienes realmente somos?
Jung recomienda el suyo. Su padre y abuelo fueron pastores protestantes y para él , la espiritualidad tenía mucho que ver con la religión cristiana, aunque era un profundo estudioso de la filosofía oriental.

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